
¡Qué rollo!¡Qué incordio!¡Qué fastidio!
¿Se acuerdan de aquellos constipados que pillaron los dos Peques? Pues bien, a los pocos días ambos degeneraron en sendas bronquitis de manual con fiebre, malestar y toses. Así que al final tuvimos que plegarnos al antibiótico y el uso de aerosoles tres veces al día.
¡Bruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuum! El compresor bramando en todo momento mientras el uno y la otra se oponían a estarse quietos los diez o quince minutos que tienen que respirar con la mascarilla. ¿Dónde está el Mucosan?¿Eran cinco o diez gotas de Estilsona?¿Dónde dejaste el Ventolin?¡Hay que comprar más suero!¡Zafarrancho de combate, la mascarilla se ha roto por tres sitios!
Y eso mientras hay que tomar la temperatura, con lo complicado que es eso, y asegurarse que beben líquido con cierta frecuencia al tiempo que rezas cada vez que comen algo o les das un medicamento para que no lo vomiten.
Está más claro que el agua: cuando los Peques se ponen enfermos todo se transforma. Desaparecen las rutinas, el [escaso] orden establecido, los horarios, el [también escaso] reposo. Las prioridades se trocan hasta el punto de que se puede decir que todos estamos enfermos. Los padres, los hijos, los muñecos.
Eso sí, el compresor de los aerosoles se está convirtiendo en uno más de la familia médica. Va a todos lados con nosotros, casi me atrevería a decir que hasta se lo pasa bien y que nos aprecia... sino fuese porque es una "cosa". Pero se está haciendo un hueco en nuestros corazones... de hecho en nuestros pulmones. Así que , tras consultarlo con la pediatra, y viendo el amplio uso que le estamos dando y que me temo que le vamos a dar a lo largo del invierno, es muy probable que terminemos por comprarnos uno y así no depender del seguro médico ni de los volantes. Aparatito en casa para uso familiar, como la Wii, pero en plan sano.
Así que si alguien quiere una sesión de aerosoles limpia pulmones, sólo tiene que pedir hora y se le atenderá cuando buenamente se pueda (pagando, por supuesto, que hay que rentabilziar la inversión). A ver si conseguimos agenciarnos el modelo este de la vaquita sonriente y entre soplo y soplo nos da unos vasos de leche. O algo.
¡Bruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuum! El compresor bramando en todo momento mientras el uno y la otra se oponían a estarse quietos los diez o quince minutos que tienen que respirar con la mascarilla. ¿Dónde está el Mucosan?¿Eran cinco o diez gotas de Estilsona?¿Dónde dejaste el Ventolin?¡Hay que comprar más suero!¡Zafarrancho de combate, la mascarilla se ha roto por tres sitios!
Y eso mientras hay que tomar la temperatura, con lo complicado que es eso, y asegurarse que beben líquido con cierta frecuencia al tiempo que rezas cada vez que comen algo o les das un medicamento para que no lo vomiten.
Está más claro que el agua: cuando los Peques se ponen enfermos todo se transforma. Desaparecen las rutinas, el [escaso] orden establecido, los horarios, el [también escaso] reposo. Las prioridades se trocan hasta el punto de que se puede decir que todos estamos enfermos. Los padres, los hijos, los muñecos.
Eso sí, el compresor de los aerosoles se está convirtiendo en uno más de la familia médica. Va a todos lados con nosotros, casi me atrevería a decir que hasta se lo pasa bien y que nos aprecia... sino fuese porque es una "cosa". Pero se está haciendo un hueco en nuestros corazones... de hecho en nuestros pulmones. Así que , tras consultarlo con la pediatra, y viendo el amplio uso que le estamos dando y que me temo que le vamos a dar a lo largo del invierno, es muy probable que terminemos por comprarnos uno y así no depender del seguro médico ni de los volantes. Aparatito en casa para uso familiar, como la Wii, pero en plan sano.
Así que si alguien quiere una sesión de aerosoles limpia pulmones, sólo tiene que pedir hora y se le atenderá cuando buenamente se pueda (pagando, por supuesto, que hay que rentabilziar la inversión). A ver si conseguimos agenciarnos el modelo este de la vaquita sonriente y entre soplo y soplo nos da unos vasos de leche. O algo.



















